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Los DJ ligan siempre

Escrito por Josep Pastells / 1 de Junio de 2009

Buena parte de la fauna que pulula por los garitos de este mundo lo hace con el único objetivo de ligar. En principio, si no estás bendecido por la genética y tienes un aspecto que te facilite la tarea, se trata de una empresa bastante complicada, o por lo menos requiere un esfuerzo que en demasiadas ocasiones se queda sin premio. Pero hay un grupo selecto que, casi independientemente de su físico, tiene garantizado el éxito cuando se trata de seducir. ¿Adivináis de quién estamos hablando? Sí, por supuesto, de los DJ.

GrooveLee¬FunkNorris, Sala Goldfield

GrooveLee¬FunkNorris, Sala Goldfield

El mundo es injusto, ya lo sabemos. Uno puede pasarse horas en la playa, en el gimnasio, en la biblioteca o en cualquier otro de los lugares que te ayudan a potenciar tus cualidades, y después dedicar unas cuantas horas más a hablar con alguien, intentar atraer su atención con sonrisas cordiales, palabras inteligentes y un inequívoco lenguaje corporal, para muchas horas después darse cuenta de que no hay nada que hacer. Porque de repente esa persona se larga sin ni siquiera despedirse y se encarama a la cabina del DJ para empezar a sonreír como no lo había hecho en toda la noche, hablando por los descosidos (y eso que parecía muda) y evidenciando que lo único que le interesa es ligar con ese dios de la música.

Tiene dónde escoger

Muy a menudo, lo que ocurre es que por lo menos te llevas el consuelo de observar que, por mucho que esa persona se esfuerce e intente en vano atraer la atención del alma del local, éste no le hace ni caso, entre otras razones porque, sin ser para nada una de las figuras más respetadas del panorama internacional, tiene dónde escoger. Teniendo en cuenta la situación, calculas que la persona rechazada se replanteará vuestro asunto, pero eso ocurre muy raramente y entonces empiezas a cogerle cierta manía al DJ.

Posición elevada

Al fin y al cabo, ¿qué tiene él que no tenga yo?, te preguntas. Vale, él decide el ambiente y, en realidad, controla hasta el último segundo de música que suena en el local. Además, acostumbra a ocupar una posición elevada, con lo que destaca más e incluso parece más alto de lo que es. En un arrebato de rabia, te acercas a él para pedirle cualquier canción y comprobar, desolado, que efectivamente es más alto que tú. Y más guapo, concluyes mientras buscas con la mirada a alguien que no parezca especialmente interesado en el DJ.

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